martes, 27 de julio de 2010

Conclusiones

El desafío de las organizaciones como actores en las redes sociales es el de entender cómo el ciudadano/consumidor/cliente/gobernado comprende el espacio virtual, cómo lo crea/recrea, qué reglas establece como válidas, cómo construye en él su propia identidad y cómo objetiva al otro.

El mundo virtual no deja de ser virtual, intangible. Por eso, es justamente el mundo en el que las organizaciones deben trabajar al máximo para generar productos y servicios “shareables” más que “consumables”, porque son los que circularán por este espacio, entre puntos/unidades locales de la red.

Es precisamente el mundo social en el que, para triunfar, se debe implementar un plan que apunte a generar “compromiso social”, lo que implica diálogo, interacción, informalidad, dependencia con la tecnología y nichos, no siempre presentes en las formas anteriores de marketing.



Hoy no se puede no estar en las redes sociales, pero tampoco alcanza con decir “presente” para sólo mostrarse, con el único objetivo de ser visibles.

Las cifras indican que las empresas están comprendiendo esto. Según el informe “2010 Social Media Marketing Industry Report”, de quienes utilizan Facebook, el 80% planea incrementar su uso, número similar a lo que ocurrirá con Twitter en este año, con un 70% que incrementará su actividad con esta herramienta.

Por más de que más cantidad no siempre es sinónimo de más calidad, el panorama es alentador porque la tendencia indica que, ante mayor actividad social en las redes, el hombre es más propenso a estar atento a qué hacen las marcas/las organizaciones en el mundo virtual, con el consiguiente aumento de las probabilidades de encuentros entre público y organizaciones.


Y si las empresas pueden convertir su razón de ser en causas plausibles, correrán con ventaja porque, como sostiene Bauman, el ser humano busca causas continuamente, y el “me gusta” está a un click de cualquier mano que pasea sobre un teclado.



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